jueves, 25 de diciembre de 2014

CRONICAS DE "EL TORERO".

Crónica I.

El torero.
El proyecto comenzó como en el ´77, precisamente entre el 24 de junio y el 26 de octubre. Los colores amigos jugaban al mismo deporte, el fútbol. La pura tierra, la lluvia y el charco nunca fueron límite, como tampoco lo fue el tiempo o el sol al apagarse. Los colores no llegaron en un barco, llegaron bailando el carnaval por las calles. Llegaron manchados de barro, porque el azul y oro son mucho más bonitos así. Resaltan como un pase entre dos contrarios a un compañero para dejarlo solo frente a sí mismo (¿y qué importa si es amigo? Adentro de la cancha, hermanos). Profundidad, gol y victoria. Como victoria también es ganar una pelota en el piso, dársela a un compañero y de reojo ver esa cara roja y pálida sin ánimo de lucha.
Cuando el ocho tomó la pelota y abrió la cancha me enamoré de la simpleza de ese flaco. Le siguieron pases cortos y paredes, en definitiva, como un juego entre amigos (y ¿qué importa si no lo son?). Al poco tiempo llegó el gol, un golazo al globo.
¡¡Que no se vaya nunca!! Pensé por ahí. Las copas y títulos son el equilibrio de esa reacción química de lucha y creación. Azul y oro. Carnaval y vereda. Tierra y lluvia.
Antes de irse nos regaló incontables profundidades, goles, puteadas a toros (con pantalones cortos y con sacos y corbatas) que embestían contra ese ocho flaco. Jamás imaginamos ver la grandeza de su fútbol mediante ésta obra, ya con la diez en la espalda.
El caño es el clímax del fútbol. El gol es la libertad, sí, pero el caño es el juego mismo donde centímetros, milésimas de segundos, parecen decirlo todo. El caño es la estocada del torero a la bestia, que corre detrás de un objeto difuso. Aquí, para nosotros, el caño es el material inspirador.
Ésta hermosa jugada, de creatividad única, como toda jugada, nace de un pase. Nosotros elegimos darle un pase a la imaginación y al agradecimiento.
Gracias Boca, gracias River, gracias Julito Marchant, gracias Mario Yepes, gracias Carlos Bianchi y muchísimas gracias Román. Muchísimas gracias por éste caño. Y por ser BOSTERO.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Cuando encuentre algo en mí
escribiré versos de oro,
singulares maullidos de esperanza.
Cuando me encuentre,
no tendré que escribir de más.

El escarbadientes tornea el alma,
piensa encontrar petróleo
donde sólo sangra.
Pica en la salvación
y descubre el vacío,
como ésta hoja
que estaba en blanco
y ahora es una simple idea fugaz.

La esperanza duró ese maullido
o lo que sea que sea.
Cuando encuentre al humano en mí,
seguiré caminando.