Debo empezar por el comienzo? Na.
La verdad no estoy enojado,
de lejos veo la bronca.
Tengo pena por no haber conocido
tu color favorito,
tu ronquido,
tu verdadero canto.
Pero no fue así.
Y no tengo bronca,
enojo
o fe.
Simplemente, no fue.
Siento que comienzo a escuchar
el silencio de mi corazón.
Eso que llamo música.
Uno entiende que ni los caminos,
ni las líneas
son siempre rectos.
Así que hubieras avisado
y no hacía llorar de empedrados
a mi bicicleta
de Palermo a Barracas.
Sí señores,
en Palermo aún,
aún, aún... aún
hay adoquines. Increíble.
¿Me gustaría verte de nuevo?
Claro que sí.
¿Gustaría de hondearte la respiración
y hacerte expulsar
exhalaciones que seden el silencio?
¿es necesario responder esa pregunta?
La historia no tuvo extensión.
No recuerdo qué dirección tomé
para volver a mi caverna,
aquella donde viven los impulsivos de la piel.
Ese fui yo mismo.
Frente a la misma pared
perdí pero gané.
Gané, a pesar de no conocer
tu color favorito.
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